En los últimos años, el término barefoot (que significa “descalzo” en inglés) comenzó a ganar lugar en el mundo del calzado y la salud del pie. Pero, ¿qué significa realmente usar un calzado barefoot? ¿Es una moda pasajera o tiene fundamentos científicos? ¿Es apto para todos? Como médico traumatólogo y especialista en pie y tobillo, te cuento lo que necesitás saber antes de considerar este tipo de calzado.
¿Qué es un calzado barefoot?
El calzado barefoot busca imitar la experiencia de caminar descalzo, permitiendo que el pie se mueva con libertad, sin restricciones ni amortiguaciones excesivas. Se caracteriza por:
Suela fina y flexible, que permite percibir mejor el terreno.
Amplia puntera, para que los dedos se expandan naturalmente.
Sin desnivel entre talón y antepié (drop cero).
Sin refuerzos ni estructuras rígidas, que limiten la movilidad natural del pie.
¿Por qué se popularizó?
La propuesta barefoot surge como respuesta al uso prolongado de calzados modernos con suelas gruesas, tacos elevados y estructuras que, si bien protegen, también alteran la biomecánica natural de la marcha. Algunos estudios sugieren que un calzado más natural puede:
Mejorar la postura.
Fortalecer la musculatura intrínseca del pie.
Favorecer la propiocepción (la percepción del cuerpo en el espacio).
Disminuir ciertas molestias asociadas al uso prolongado de calzado tradicional.
¿Es bueno para todos?
No necesariamente. Así como no todos los pies son iguales, tampoco todos se benefician del mismo tipo de calzado. El barefoot puede ser una excelente opción en personas con pies sanos, buena movilidad y fuerza muscular. Pero en otros casos, puede generar o agravar problemas, sobre todo si no se hace una transición adecuada.
Requiere especial atención en:
Personas con pie plano severo o rigidez.
Pacientes con antecedentes de fascitis plantar, neuromas o tendinopatías.
Corredores que cambian de calzado tradicional a barefoot sin preparación.
Adultos mayores con riesgo de caídas o disminución de la sensibilidad.
¿Cómo hacer una transición segura?
Si estás considerando adoptar un calzado barefoot, te recomiendo:
Empezar de a poco: alternar con calzado habitual.
Fortalecer el pie: ejercicios específicos para dedos, arco y tobillo.
Evaluar tu pisada: preferentemente con un profesional.
Escuchar al cuerpo: dolor o molestias son señales a tener en cuenta.
Mi opinión personal es que el calzado barefoot ayuda desde el punto de vista anatómico a que nuestro pies esté en condiciones más naturales de espacio dentro del calzado, pero no lo veo conveniente desde el uso de suelas tan finas. La rigidez del suelo en el que la urbanización nos propone vivir no son ideales para nuestros pies. Sería ideal la combinación de un calzado anatómico con nuestros pies con espacio pero con suelas más amortiguadas y con algo de arcos internos que apliquen estabilidad.

