Cuando hablamos de la ruptura del tendón de Aquiles, muchas personas se sorprenden al descubrir que esta lesión no solo es más frecuente de lo que parece, sino que aparece incluso en personas que no tenían dolor previo. Esto ocurre porque el tendón puede estar debilitado sin que el paciente lo note, y ante un movimiento brusco, el tejido simplemente no resiste más.
En mi consultorio veo a muchos pacientes que llegan preocupados, confundidos y, sobre todo, con miedo a no poder volver a caminar o hacer deporte igual que antes. Por eso, quiero contarte —con claridad y sin tecnicismos innecesarios— cómo abordamos esta lesión y por qué la cirugía mínimamente invasiva se convirtió en una de las mejores alternativas para recuperar la función.
¿Por qué ocurre la ruptura del tendón de Aquiles?
La ruptura suele producirse cuando el tendón viene atravesando un proceso de enfermedad o degeneración previa. A veces, esto no da ningún síntoma: no duele, no molesta, no avisa.
Pero el tejido pierde elasticidad y capacidad de resistencia.
Y en ese contexto, un salto, una aceleración o incluso un mal apoyo puede desencadenar la lesión.
Cuando la ruptura es completa, el paciente nota de inmediato que el pie no responde, hay pérdida de fuerza y resulta muy difícil caminar con normalidad.
¿Cuándo es necesaria la cirugía?
En la mayoría de las rupturas completas del tendón de Aquiles, la cirugía es la opción indicada para recuperar la función del tobillo y evitar secuelas a largo plazo.
En nuestro centro tratamos estas lesiones mediante una técnica moderna, precisa y amable con los tejidos:
la cirugía mínimamente invasiva del tendón de Aquiles.
En qué consiste la cirugía mínimamente invasiva
Una de las primeras dudas que escucho es: “¿Me van a abrir todo el tobillo?”.
La respuesta es no.
A través de incisiones pequeñas, ubicadas en la parte posterior del tobillo, introducimos instrumental especializado que nos permite suturar y reparar el tendón sin necesidad de abrir toda la zona de la ruptura.
Esta técnica tiene un beneficio clave: nos permite preservar el hematoma natural que se forma luego de la lesión. Ese hematoma funciona como un soporte biológico que acelera y mejora el proceso de cicatrización.
Beneficios para el paciente
La cirugía mínimamente invasiva ofrece ventajas muy concretas para quienes sufren una ruptura del tendón de Aquiles:
Menor dolor después de la cirugía.
Menor riesgo de infección y complicaciones en la herida.
Cicatrices casi imperceptibles.
Recuperación más rápida y retorno temprano al deporte y a la actividad física.
Esto se traduce en un proceso más seguro, más ágil y mejor tolerado.
¿Cómo es el proceso de internación y recuperación?
La cirugía se realiza con anestesia regional y, en la mayoría de los casos, requiere una internación de aproximadamente 12 horas.
Después de la reparación del tendón:
El paciente queda con una bota ortopédica para proteger la zona.
Entre los 7 y 15 días, iniciamos un apoyo progresivo del pie.
El paciente puede caminar desde esta etapa inicial, siempre con control y supervisión médica.
La recuperación completa suele ubicarse entre 6 y 8 semanas, dependiendo del caso.
A quienes acaban de pasar por esta lesión
Una ruptura del tendón de Aquiles genera incertidumbre, ansiedad y muchas preguntas. Es lógico. Es una lesión importante y nadie quiere perder movilidad o fuerza en algo tan esencial como caminar.
Pero también quiero dejarte esta tranquilidad: con un buen diagnóstico y una técnica quirúrgica adecuada, la enorme mayoría de los pacientes vuelve a su vida habitual sin limitaciones.
Si estás atravesando esta lesión o tenés síntomas compatibles, no te quedes con la duda. Una consulta a tiempo puede marcar la diferencia en tu recuperación.

